
Ha pesar de que hay muchas personas que me conocen debido a que tenido la oportunidad de trabajar en varios países, no muchos saben que provengo de una pequeña población, que se caracteriza por ser un lugar de escasos recursos económicos y que ofrece pocas alternativas de desarrollo a los que allí crecimos. Lo anterior lo menciono, para crear el contexto necesario para mi narrativa de hoy: hace un par de días conversaba con un excompañero de la secundaria, que me hizo una pregunta, que dio origen a esta columna de hoy, David ¿cómo hiciste para lograr tus sueños, viniendo de dónde vienes? La verdad fueron muchas cosas y anécdotas las que compartí con mi amigo de la infancia, pero luego de eso me quedé pensando mucho en esa pregunta, y mi respuesta de hoy es: RESILIENCIA.
La Resiliencia es un término que proviene de la Ingeniería de Materiales, y que se define como la capacidad que tiene un material de ser sometido a condiciones adversas sin sufrir alteraciones. Este término ha sido adoptado por varias disciplinas como la gerencia, la psicología y el coaching para tratar de darle sentido al comportamiento humano y responder a preguntas como esta: ¿Por qué hay personas que a pesar de que las circunstancias son adversas no se dan por vencidas?
La mayoría de las teorías sobre la resiliencia con las que me he tropezado se basan en el sentido común, sin embargo, he observado que casi todas ellas coinciden en afirmar que las personas resilientes reúnen tres (03) características: una aceptación obstinada de la realidad, la profunda convicción de que la vida tiene un sentido y una habilidad increíble de improvisar. Puedes conseguir recuperarte de un revés con uno o dos de estas cualidades, pero lo que te hace verdaderamente resiliente es la presencia de las tres.
Afrontar la realidad: con frecuencia se cree que la resiliencia es el resultado de tener una naturaleza optimista, y esto es cierto siempre y cuando el optimismo no distorsione la realidad, ya que, en situaciones adversa ver el mundo a través de unas lentes rosas puede ser desastroso. Las personas resilientes tienen una visión muy serena y realista de las partes de la realidad que son importantes para la supervivencia.
Buscar un sentido: la capacidad de ver la realidad se encuentra estrechamente ligada con la habilidad de aprender de las situaciones difíciles. Todos conocemos personas que bajo presión, levantan los brazos y gritan, pero las personas resilientes construyen conceptos a partir de su sufrimiento para lograr un sentido, para si mismos y para los demás. Viktor Frankl, el psiquiatra austríaco que sobrevivió a Auschwitz, expresa este mismo concepto en su libro el hombre en búsqueda de sentido al señalar: “…nunca debemos olvidar que también podemos encontrar sentido a la vida, incluso cuando afrontamos la situación más desesperada, cuando afrontamos un destino que no podemos cambiar…”
Dar rienda suelta al ingenio: el tercer elemento de la resiliencia es la capacidad de construir con lo que tenemos a nuestro alcance en función de alcanzar resultados.
Tal vez no he sido capaz de responder a la pregunta, porque en mi caso siempre atribuyo mis logros a la suerte, pero tener suerte no es lo mismo que ser resiliente. La resiliencia es un acto reflejo, una forma de afrontar y entender el mundo que suelo definir para mis alumnos como la capacidad de “hacer lo imposible, mientras lo posible sucede”.
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David Eduardo Martínez Boucchechter
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